A veces, no importa
el número de libros o poemas que hayas leído de un autor. No importa si alguna
vez has tenido una discusión alturada sobre su obra. Ni mucho menos, si el
resto del mundo sabe si es que lo admiras o no. Lo que importa en la relación
autor-lector es una serie de sentimientos, pensamientos y pasiones transmitidas
del primero al segundo. Lo que importa es la diferencia que marca el antes y el después de
haber leído una parte de su obra en la forma en la cuál vemos nuestro mundo y el
mundo compartido.
Hoy, se fue del mundo de los seres vivos un escritor al cual,
personalmente, admiro y quiero mucho. Y solo tengo una palabra muy importante
(que creo resume muchas cosas) que me hubiera gustado decirle frente a frente
(porque sí, uno de mis sueños era conocerlo).
Gracias por haberme dado motivos para coger mi oxidada bicicleta y uno
de tus libros para salir, bajo la excusa de hacer algo de ejercicio, a leer en
tantas bancas de distintos parques de por acá. Gracias por ser uno de los
culpables de mi gustosa "soledad" acompañada de otros de tus
libros, mientras mucha gente hacía bulla a mi al rededor en más de un micro.
Gracias por haberme ayudado a descubrir algunos de mis pensamientos más íntimos
y, por qué no decirlo, algunas de mis pasiones.
Y gracias por compartir con la humanidad cada rincón de tu mundo mágico,
aunque a veces tan crudo y realista, tan cotidiano y eterno. Vivirás en mi
corazón hasta el día en que yo tenga que dejar este mundo. Si me es posible, me
encargaré de introducirte en el mundo de quienes conozca para que sigas vivo en
su mundo también. Descansa en paz, Gabo.
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