lunes, 6 de octubre de 2014

Misterioso

A veces siento que te pertenezco y me pregunto quién eres,
¿Qué haces con nosotros, los comunes mortales?
¿Por qué te las agarras con unos más que con otros?
Nos haces odiar y amar la vida, querer ser eternos y querer desaparecer,
Me haces a mí pensar en los fascinantes opuestos ante los cuales nos pones
Tú y solo tú, porque sin ti no existiría absolutamente nada,
Ni siquiera podría pronunciar la nada ni pensar en ella, de no ser por tu existencia.
¿De dónde saliste? ¿Cómo te creaste?
Antes de ti no había nada, pero ¿cómo apareciste? ¿Acaso eres lo único eterno en el universo?
Tal vez seas ese Dios del cual tanto se ha dicho,
A quien muchos atribuyen sus más gloriosos triunfos y sus peores fracasos.
Tan incomprensible, siempre presente en cada cosa que algún ser vivo o inerte ha hecho.
Tan tú, que nos haces a cada uno de nosotros ser como somos.
Es increíble cómo es que normalmente nos olvidamos de ti,
El eterno rencoroso, aquel nunca perdona que lo hayan dejado pasar.
Eres mágico, dejas que creamos que te percibamos de formas distintas cada vez.

Y siendo tan pequeño contemplas tantos eventos, siempre transversal.
Siempre único, siempre absoluto.
Siempre tú tan tú y siempre yo tan...

jueves, 17 de abril de 2014

Gracias, Gabriel

A veces, no importa el número de libros o poemas que hayas leído de un autor. No importa si alguna vez has tenido una discusión alturada sobre su obra. Ni mucho menos, si el resto del mundo sabe si es que lo admiras o no. Lo que importa en la relación autor-lector es una serie de sentimientos, pensamientos y pasiones transmitidas del primero al segundo. Lo que importa es la diferencia que marca el antes y el después de haber leído una parte de su obra en la forma en la cuál vemos nuestro mundo y el mundo compartido.

Hoy, se fue del mundo de los seres vivos un escritor al cual, personalmente, admiro y quiero mucho. Y solo tengo una palabra muy importante (que creo resume muchas cosas) que me hubiera gustado decirle frente a frente (porque sí, uno de mis sueños era conocerlo).

Gracias por haberme dado motivos para coger mi oxidada bicicleta y uno de tus libros para salir, bajo la excusa de hacer algo de ejercicio, a leer en tantas bancas de distintos parques de por acá. Gracias por ser uno de los culpables de mi gustosa "soledad" acompañada de otros de tus libros, mientras mucha gente hacía bulla a mi al rededor en más de un micro. Gracias por haberme ayudado a descubrir algunos de mis pensamientos más íntimos y, por qué no decirlo, algunas de mis pasiones.


Y gracias por compartir con la humanidad cada rincón de tu mundo mágico, aunque a veces tan crudo y realista, tan cotidiano y eterno. Vivirás en mi corazón hasta el día en que yo tenga que dejar este mundo. Si me es posible, me encargaré de introducirte en el mundo de quienes conozca para que sigas vivo en su mundo también. Descansa en paz, Gabo.